El tren de la muerte

Lo que estoy por contar fue, por lejos, la peor experiencia que tuve en mí vida. No sé si algún día llegaré a superarla pero necesito contarla, sacarla de mí ser. Soy una de las sobrevivientes del accidente; cuando estoy durmiendo todavía puedo escuchar los gritos de la gente que estaba conmigo y les aseguro que no es nada placentero.

Sucedió hace unos 5 años, rondaba el mes de Julio, pleno invierno. Estaba volviendo de la facultad, en ese momento estudiaba en La Plata y el tren no llegaba hasta la ciudad. Un colectivo nos trasladaba desde Villa Elisa ida y vuelta a la estación. Para cuando llegué a dicha estación, la noche estaba cayendo y los últimos rayos de sol del día desaparecían con rapidez. Estaba sola, ningún conocido cursaba ese día, la estación siempre me pareció terrorífica y a esa hora podría haber sido tranquilamente la escena de una película de terror. Mucha gente pasaba y me empujaba, no fijaban por donde tenían que ir, estaban muy apurados, cansados, con frío. No me podía quejar, yo estaba igual, no veía la hora de llegar a mí casa, comer algo calentito y dormir. Pero no lo hice.

A lo lejos veo las luces del tren acercándose. Me acerqué al anden para poder subir y sentarme, viajar tan cómoda como pudiese. Volví a ser empujada por mucha gente que salía prácticamente corriendo para poder agarrar un lugar en el colectivo a La Plata. Cuando finalmente bajaron todos los pasajeros, subí, elegí un lugar contra la ventanilla. Me gusta mirar los paisajes de los lugares por los que pasa el tren, aunque ese día no iba a ver mucho porque estaban sumidos en la oscuridad. Cinco minutos pasaron y el tren arrancó. Al lado mío se sentó una señora que comenzó a hablarme de su nieto, me contó que le había comprado un libro y me puse muy contenta porque no veía muchos chicos leyendo. También me contó sobre su marido, sobre su familia y sus gatitos. Ésta última parte fue mí favorita porque también pude hacer un aporte sobre los mios. Una lástima que esta señora no haya podido volver a ver a nadie de todas esas personas que tanto amaba.

Entre las estaciones Pereyra y Hudson el tren frenó. No me pareció muy raro porque suelen hacer eso para que pase otro tren. No me preocupé demasiado ni le di mucha importancia. Comencé a desesperarme cuando pasados unos siete minutos el tren no arrancaba y nadie sabía decirnos porqué. Todos los pasajeros intentaron buscar al maquinista pero no lo encontraron donde debería haber estado. Quisieron llamar al número de emergencia pero nadie tenía señal. Estábamos en el medio de la nada, rodeados de puro bosque, en medio de la noche, sin señal ni un maquinista que manejara el tren. La desesperación, la bronca y la incertidumbre se empezó a mover por todo el vagón, y asumo que en los demás vagones también.

De repente, sin previo aviso, se cortó la luz. El susto de todas las personas a bordo del tren se podía sentir, era tal que podías tocarlo en el aire. Me empecé a desesperar, odiaba la oscuridad, odiaba la idea de que el tren se quede varado en medio de la nada y odiaba no poder pedir ayuda. Por lo tanto, no estaba teniendo el mejor momento de mí vida. Nuevamente escucho gritos, mucha gente hablando y pisándose las palabras. No tardé mucho en comprender porqué. El ambiente se volvió frío, el viento soplaba dentro del tren, empecé a tiritar. Las puertas se habían abierto de par en par. Nadie entendía como o quién podría estar jugando de esa manera con nosotros. La desesperación no hizo más que crecer y crecer. Nadie podía hacer nada. No había un andén cerca, no había nadie. Si te acercabas a la puerta todo lo que podías observar era oscuridad, oscuridad total, exceptuando una luz tenue proveniente de la luna.

Luego de alrededor de dos horas, muchos decidieron ser positivos, pensar que el problema se iba a resolver y se sentaron donde pudieron a dormir. Otros, no paraban de darle vueltas al asunto pensando que tenía que haber una razón por la que todo eso había pasado y no paraban de intentar llamar a alguien con sus celulares. Yo, por mí parte, decidí quedarme en mí asiento, intentando que no me de un ataque de nervios, pensando que todo eso se iba a resolver, que seguro solo estaba soñando. Supe que no era un sueño en cuánto comencé a escuchar gritos de nuevo. Intentaba distinguir que querían decir, si era algo bueno o no. Sonaba a una advertencia. Cuando logré entender de que se trataba el bullicio, perdí la poca paciencia y calma que me quedaba. El tren se estaba llenando de bichos. Sí, bichos. Todo tipo de bicho que puedas encontrar en un bosque, entre árboles, tierra, pasto, plantas, estaba ahí dentro del tren. Mi desesperación crecía con cada minuto que pasaba, me largué a llorar, no podía dejar de temblar y rogar que los bichos no se acercaran a mí. No sirvió de nada. Cinco minutos después pude sentir como diferentes bichos caminaban por mis piernas, mis brazos. Comencé a sacudirme pero de nada sirvió, seguía sintiendo ese cosquilleo horrible en todo mi cuerpo.

Todo el tren gritaba, no se podía distinguir que decía cada persona pero sí podías darte cuenta que eran gritos de agonía, de desesperación, dolor y sobretodo miedo. Miedo de no saber si volvían a sus casas, si iban a poder volver a ver a sus familias, sus parejas, sus mascotas. Estábamos sumidos en un miedo constante sin saber que hacer. Tal fue la desesperación de tantas personas que saltaron del tren hacia la oscuridad que nos rodeaba. No iba a hacer lo mismo. No podía. Prefería quedarme ahí pensando en que iba a surgir alguna solución posible. No podía perder las esperanzas o no dudaría un segundo en saltar del tren.

Al cabo de varias horas, los gritos iban disminuyendo. No peleamos más con los bichos que no paraban de entrar. Estoy segura que había cosas que no sabíamos ni sabremos que son. Muchas personas ya no estaban, ya se porque se habían tirado o porque habían muerto a causa de algún bicho o animal que desconocían. Nadie quería dormir, teníamos miedo de que podría pasar mientras no estuviésemos conscientes.

El sol comenzó a salir. A muchos los había vencido el sueño y los rayos que comenzaban a salir los despertaron. Seguíamos sin respuesta. Lo que más nos sorprendió fue que ningún otro tren haya querido pasar. Era como si nos hubiesen mandado por otra ruta totalmente diferente. El sol llegó a su punto más alto y todavía no había respuesta de porque estábamos ahí o que nos había pasado. El hambre, sueño, sed nos estaba venciendo poco a poco. Otro grupo de personas decidió saltar del tren e ir a recorrer la zona para ver que podían descubrir. Nunca volvieron. Las cosas comenzaron a complicarse, la gente se irrataba con mucha facilidad y no había manera de hablar como personas civilizadas. Eran gritos sobre gritos y nadie podía ponerse de acuerdo con nadie. Comencé a caminar por el vagón y encontré a la señora con quien había estado hablando. Estaba tirada en el suelo, con los ojos cerrados, llena de picaduras y pequeños rastros de sangre. Me permití llorar.

Las puertas se cerraron y pegué un salto. Quería creer que habían descubierto lo que pasó y nos estaban rescatando. Otra parte de mí creía que era la continuación de la tortura. Una voz habló por los alto parlantes. No era la que estaba automatizada en el tren. Era la voz de un hombre un tanto asustado, que parecía no saber lo que estaba haciendo. Unos segundos más tarde, anunció: “Buenas tardes. Les informamos que descubrimos lo que pasó con el tren que salió ayer a las 18.48 de Villa Elisa. Nuestra línea fue interrumpida por una banda de delincuentes que buscaban aterrorizar y torturar gente. Ya están bajo arresto y vamos a buscar la manera de que el tren siga con el recorrido para que puedan bajar en sus respectivas ciudades.” Eso significaba que todavía no había una manera de hacer que el tren arranque y que no tenían ni idea de la cantidad de muertos que había arriba de los vagones ni de la gente que desapareció al tirarse del tren en las últimas 24 horas. Dejé el cuerpo de la señora, me paré y me acerqué al alto parlante de donde salía la voz y busqué un micrófono, cuándo lo encontré, interrumpí el discurso del señor sobre mantener la calma: “Hola, disculpame pero es necesario que busquen medidas con más rapidez. Pasamos un infierno en las últimas 24 horas, cientos de personas se tiraron y están perdidas en los bosques y muchas otras se murieron al lado nuestro. No me pidas que mantenga la calma. Arregla el sistema de mierda que tienen y hace que el tren arranque. No necesitamos estar acá un segundo más, ya las pasamos todas como para seguir aguantando este tipo de boludeces.”

Nadie me contestó, en cambio, el tren comenzó a moverse, muy muy despacio pero se movía. Me sentí un poco aliviada y a la vez quería romper en llanto nuevamente. De repente veo que la pantalla de mi celular se ilumina. Creía que se había quedado sin batería pero ahí estaba, cargado y con señal. Desesperada y llorando llamé a mi casa para que supieran que estaba bien y que estaba volviendo. Lloré por todos aquellos que no podían avisar que estaban volviendo, lloré por los que no tenía ni idea a donde habían ido a parar. Lloré, lloré y lloré hasta llegar a Quilmes. Bajé corriendo en busca de mí mamá que me estaba esperando en la estación. Nunca sentí tanto alivio y tristeza a la vez.

Después de ese accidente horrible, no volví a pisar un tren. Nunca la pasé tan mal en mi vida. Nunca tuve un viaje tan horrible y jamás vi tantas atrocidades como en ese tren. Y les aseguro que narrar todo esto todavía duele, puedo escuchar los gritos, puedo sentir la desesperación.

¿Quién eres tú realmente?

Potente la frase para arrancar. Quedé con varias ideas dando vueltas en mi cabeza cuando encendieron las luces del cine al finalizar Moana. No va a pasar como una película más de Disney con la que me divertí, con la que la pasé bien. Va a ser mucho más por el simple hecho de que aprendí varias cosas.

Para empezar a hablar de que es eso que me quedó haciendo ruido gracias a la película tengo que contarles un poco de que va la historia. Este relato comienza contando como Maui, un semidios, roba el corazón de Te Fiti, que es algo así como la reina de la naturaleza, para dárselo de regalo a los mortales. Al hacer esto, Maui desata una oscuridad que arrasa con todo ser viviente en el océano e islas del alrededor. Y a la vez, a un monstruo llamado Te Ka, quien ataca a Maui haciendo que el corazón y su anzuelo mágico se pierdan en el océano.

Mil años después, en la isla Motunui, nos encontramos con Moana, nuestra elegida (una especie de Harry Potter pero en el océano). El océano se encargó de elegirla a ella cuando era muy pequeña, sólo que en ese momento no se había dado cuenta de la magnitud de los hechos. Ya siendo una adolescente, siempre cautivada por el mar, descubre el secreto de sus antepasados gracias a su abuela. Más allá de las prohibiciones de su padre, decide embarcarse en una gran aventura junto a Maui (y un gallo, muy gracioso por cierto) más allá del arrecife para poder devolverle el corazón a Te Fiti y así, la vida al mundo.

Dejando de lado la animación increíble que tiene esta película, la música (God bless Lin-Manuel Miranda), los paisajes que crearon, el humor, los momentos melancólicos, quiero que hablemos de como Moana, con sólo 16 años, decide hacerse responsable de algo tan grande como salvar el mundo y aceptar tu destino. Quiero que se queden con esa parte porque es en eso que me quiero enfocar más que nada.

¿Cuántas veces nosotros nos preguntamos para qué estamos acá? ¿Hay destino? ¿Tenemos un lugar, una meta específica a donde llegar de la cual no tenemos noción? Yo creo que sí. Creo que todos tenemos un destino, escrito por algo más grande que nosotros, alguien o algo que se encargó de que cada una de las personas que estamos en el mundo tengamos un lugar a dónde llegar. Decime que nunca sentiste que tenías muchas ganas de hacerlo pero también te encontrabas con la incertidumbre, con el miedo.

Creeme que a Moana le pasó exactamente lo mismo, todo eso que vos sentís cada vez que se te presenta la oportunidad de hacer aquello para lo que fuiste creado, para lo que vivís, ella también lo sintió. Y eso se transmitió de una manera increíble. Pero, ¿sabés que hizo ella? Seguro ya lo dedujiste solo (además te lo dije más arriba, ups). Ella se lanzó al mar (literal) y decidió llevar a cabo aquello para lo que había sido elegida. Más allá de que le costó y le llevó varios años entender que era lo que tenía que hacer o cómo, ella nunca dejó de sentir ese deseo de navegar, de pasar el arrecife. Así como vos seguro sentís unas ganas enormes de hacer algo que no sabe cómo, dónde empezar, hacia donde ir. O tal vez todavía no sabes de que va tu destino, no encontrás una pista, nada que te de certeza de que puede llegar a ser.

Yo te digo que tenés que empezar a prestar un poquito más de atención. Todo está adelante de tus ojos, sólo tenés que aprender a mirar, expandir tus horizontes, animarte a hacer algo que jamás hubieses creído posible. Es cuestión de dejar de lado los miedos y desafiarte a vos mismo (y si es necesario, a alguien más, a todos) para hacer eso para lo que crees que estás acá hoy. Si todavía no sabés que es, quisiera que empieces a mirar a tu alrededor tantas veces como sea necesario hasta encontrarlo. Está ahí, busca un poquito más. Va a llegar. Además, siempre va a haber alguien para ayudarte a ver aquello que no puedas vos solo. Moana tuvo a una abuela increíble que todos creían loca pero, ¿te cuento un secreto? La vieja tenía razón. Y Moana escucho, Moana aceptó su destino.

Se encontró con muchas cosas raras, feas que casi hacen que ella deje todo y vuelva a su, vamos a decirle, zona de comfort. De igual manera, no dejó que eso la detuviera. Siguió hacia adelante, puso todo su esfuerzo, ganas y energía para lograrlo. Ningún camino es fácil, todos tienen sus piedras y demonios de lava pero todo aquello se supera, se busca la forma de resolver los problemas. Si necesitas ayuda, no tengas miedo de pedirla, siempre va a haber alguien ahí para darte una mano. Pero no dejés de hacer cosas re copadas con tu vida por miedo, por el que dirán. Uno nunca sabe de que se puede tratar hasta que lo intenta.

Y espero que eso te lleves de este post, que entre todos los mambos que tenemos cada uno de nosotros, podemos encontrar algo por lo que luchar, algo para cambiar nuestras vidas (y quien sabe si la de los demás también). Busca eso que te hace bien, aquello que aparezca en tu vida tan frecuentemente que ya no lo podés evitar. Te va a dar certeza de quien sos, para que estás acá, hacia donde tenés que dirigir tu vida. No te hagas más el boludo, no esquives la mirada a eso que te está buscando hace tanto tiempo. Si lo encontraste, aferrate y aceptalo; llevalo a cabo. Sino, seguí buscando, que por ahí debe estar. Y cuando lo encuentres, no lo sueltes más, no te va a llevar a ningún lado que no te haga feliz.

(Con respecto a la película, la amé totalmente. Me reí, quise llorar mil veces, sufría las frustraciones con ella porque estuve ahí, me divertí y lo más hermoso fue haberla compartido con mi madre y mis abuelos. Creo que eso me hizo querer llorar más con las partes emotivas. Soy súper fan del chanchito que tiene, del gallo idiota que está toda la película y el soundtrack, ay jesu, ese soundtrack es de lo más hermoso que escuché en mi vida. Si todavía no la vieron, por favor vayan a verla. Te deja pensando un montón y es una historia increíble. Combina todas las cualidades de varias princesas de Disney en una. Moana nos hace explorar una cultura totalmente diferente a la que nos tiene acostumbrados Disney y eso me parece más que genial. Soy super fan de la diversidad, la fotografía de esta película, del personaje principal y de la transformación de Maui. Por favor véanla, vale totalmente la pena.)

Espero que les haya quedado algo de todo lo que escribí porque realmente quería transmitirles el mensaje de que busquen su destino, sigan sus sueños y no dejen que nada ni nadie los detenga o les diga que eso que tanto anhelan en sus corazoncitos no va a ser posible. Peleen como Moana por aquel lugar al que quieren llegar, no pierdan la humildad, si se frustran no se detengan, nada se logra de un día para otro, todo lleva tiempo, paciencia y dedicación.

 

 

Cuando el miedo nos paraliza

No se bien hacia donde voy a llevar este post, sólo se que necesito ordenar un par de ideas que tengo en mi cabeza. Y dejarles un lindo mensaje, tanto a vos como a mí.

Durante todo el 2016 (y hasta el día de hoy) fui dominada en muchísimas ocasiones por el pánico, por el miedo. Miedo a fracasar, a quedarme sola, a quedarme encerrada en un espacio pequeño, a no encajar, a no ser tomada en serio, a miles de cosas que si me pongo a enumear, no termino más.

La idea de este blog es ser honesta así que voy a contarles que sufro de ataques de pánico (y ataques de ansiedad) y dejenme decirles que de toda la mierda que pasé en mis 18 años, esta por lejos es la peor. El momento en que sentís que te cierra el pecho, que no podés respirar, cómo se acelera tu pulso, la manera en que empiezan a brotar lágrimas de tus ojos y caen como un mar por tus mejillas, la sensación de encierro, de quedarte mirando a un punto fijo y no poder reaccionar. Si les dolió leerlo e imaginarlo, se darán una idea de lo horrible que es vivirlo. Estas situaciones de mierda me dieron pie a muchas cosas. Una vez que empecé a tratarlas con ayuda psicológica, me di cuenta que en realidad no es tan grave como uno lo siente en el momento. Obvio que mientras estás en medio de un ataque ves todo negro, sentís que no hay salida y que todo alrededor tuyo se derrumba. Pero no es así. Todo es producto de tu mente. Al principio yo no entendía como mi cabeza podía llevarme a eso, si cuando yo estaba teniendo un ataque de pánico no podía pensar en nada, me sentía en blanco pero con el paso de las sesiones la doctora me fue explicando que siempre hay algo, por mas inconsciente que sea, que puede llevarte a sufrir un ataque. Los síntomas son horribles (lo repito mucho porque de verdad es muy feo) pero es sólo eso, un síntoma. Algo que genera tu cabeza para joderte un rato, para hacerte sentir que dejas de tener poder en situaciones cotidianas de la vida.

El problema con esto es que no hay que darle lugar al miedo para que tome el control de tu vida. El control siempre lo vas a tener vos. Tal vez cueste al principio darse cuenta de esto o intentar controlar las cosas para evitar caer en el pánico. No es nada fácil, pasaron varios meses y todavía no domino esa técnica muy bien. Pero siempre se empieza de a poco. Busca una situación chiquita que en un momento normal te daría miedo atravesar y atravesala. Dejá todos tus pensamientos de lado y hacelo, olvidate que tenés miedo a hacer tal o cual cosa y animate a hacerlo. Tenés el poder de decirle a tu mente que el que manda sos vos, que sólo vos tenés el poder de decisión en ese momento. Creeme que después vas a sufrir más por pensar en que hubiese pasado si hacías tal cosa que si en realidad llevas a cabo esa acción.

Sin llevarlo tan al extremo (como hablar de ataques de pánico) hay cosas muy chiquitas que nos generan miedo. Cosas tan sencillas como expresarle a alguien tus sentimientos o subirte en un avión o cruzar un puente muy alto. ¿Por qué nos paralizamos frente al miedo? ¿Qué es lo que nos genera tanto miedo, tanta incertidumbre? Nadie te puede asegurar el éxito o que lo que vayas a hacer salga perfecto porque la vida no se basa en aciertos. La vida se basa en hacer lo que te hace feliz, salga bien o no. De todo, absolutamente todo, se aprende. Si sale bien, buenisimo, genial, un golazo. Si sale mal, un garrón pero lo importante es que lo intentaste, venciste el miedo y lo hiciste igual. Te tiraste a la pileta sin saber si ibas a encontrar agua. Te arriesgaste, dejaste todo miedo de lado y lograste hacer algo que querías.

Se nos va el 2016. Un año muy de mierda para muchos y para mi también. Pero esto es lo que le deseo a la Mica del 2017 y a vos, a vos que estás leyendo esto. Nos deseo dejar de lado cualquier miedo y poder realizar todas aquellas cosas que tantas ganas tenemos de hacer. Deseo que nos arriesguemos sin pensar en que tan bien o mal nos va a salir. Siempre hay otra oportunidad y quiero que tomemos el comienzo del 2017 como una oportunidad para convertirnos en una mejor versión de nosotros mismos. Una versión que haga aquello que lo llena de felicidad, que deje todas las incertidumbres y dudas de lado y se arriesgue. Deseo que seamos felices a nuestra manera, rodeados de gente que nos apoye y siempre nos tire buena onda para seguir hacia adelante con aquellas pequeñas cosas que nos llenan de alegría. Nos deseo que para este próximo año seamos personas que no tengan miedo de correr riesgos y aceptar cualquier reto que nos presente. Porque todo aquello que deseas, esta del otro lado del miedo.

El comienzo de una nueva etapa

Estoy cursando la última semana de clases en la escuela secundaria y ayer me tocó ir a inscribirme en la facultad. ¿Tengo miedo? Si. ¿Estoy emocionada? Si. ¿Quiero dejar la secundaria y ver que es lo que va a pasar en un futuro cercano? Si pero no.

Resulta que a principios del 2016, no veía la hora de terminar el colegio secundario y dejar atrás a todos mis compañeros. Esta mañana mientras todos hacían los tests en Pottermore y hablaban de Harry Potter, me dí cuenta que hay varias personas que voy a extrañar ver todos los días. Más allá de los amigos que gané, tengo compañeros con los que no tengo una gran relación de amistad pero si los aprecio bastante (ponele). Saber que voy a dejar de verlos tan seguido y tantas horas, que no voy a escuchar sus boludeces desde el otro lado del salón o que te digan “Buen día” (a veces) va a ser algo que voy a echar de menos y mucho.

El tema es que nunca los aprecie tanto, siempre di por sentado que quedaba un año más, que nos quedaba tiempo juntos. Cuando empezamos el ciclo escolar 2016 se me pasaban los días super lento y resulta que hoy  ya casi estamos en Diciembre. Sucede que estoy a cinco días de terminar la secundaria y me está pegando el bajón. No se nota, no dejo que se note, no quiero que se note pero ahí está, escondido, en un rincón. Pasé doce años de mi vida con (casi) las mismas treinta y un personas con las que comparto cada mañana. ¿Va a ser difícil despegarme de ellos y saber que cuando empiece el ciclo escolar 2017 no vamos a estar juntos? Obvio que sí pero son etapas. Y las etapas siempre tienen un principio y un fin. Tal vez nos veamos de vez en vez, hablemos de lo bien que la pasabamos en las horas de Miño sin hacer nada, de como Nancy nos dejaba cada vez que tenía oportunidad o de lo poco que soportabamos a Bisceglia, así de como nos asustabamos cada vez que Abriola abría la libreta para tomar lección oral. Ellos seguirán con las anécdotas de Bariloche y yo seguiré siendo una oyente más (no fui a brc, por si esa oración no se entendió). Y si tendremos cada historia de todas esas veces que salimos, de las previas que compartimos y todo eso, absolutamente todo eso, va a pasar a ser un recuerdo. Suena muy pesimista, lo sé. No es la idea, claramente pero es la verdad y no voy a andar con vueltas, estas cosas se dicen así, directas. Hubo momentos donde quise matar al 90% de mi curso y hoy quiero ir abrazando a cada uno de mis compañeros intentando contener las lágrimas (soy muy maricona y por cualquier cosita lloro). Lo bueno es que durante ésta época descubrí que no todos los que conoces son lo que parecen, que siempre hay algo nuevo en cada uno por descubrir, que si estás pasando por un mal momento siempre alguien (o varios) van a intentar ayudarte en lo que puedan y van a hacer lo imposible por verte sonreír. Esos son los que más cerca de mi corazón voy a llevar (muy goma, lo sé pero es la verdad). Y a pesar de varios altibajos que hubo con ciertos compañeros, logramos remontar y mantener una relación de paz y armonía. La verdad es que durante el último tiempo mi curso se unió bastante; hubo un tiempo donde lo único que queríamos era agarrarnos de los pelos e ir a piña directa. Por suerte crecimos, maduramos (algunos) y logramos poner varias (no todas) nuestras diferencias de lado. Y esto último es lo más rescato porque podemos compartir un fin de curso con bastante aprecio y buena onda entre nosotros. Y terminar así me pone contenta, muy. Me llevo los recuerdos más lindos y unas personas increíbles.

En el tema que más nos compete hoy, me anoté en la facultad. Tengo la bendición de seguir la carrera con mi mejor amigo (estoy segura que no me soporta más), por lo tanto tengo compañía en esta nueva etapa y no tengo que arrancar de golpe sola. No soy muy buena en cuanto nuevos lugares, nuevas personas, eso de sociabilizar no es mi fuerte y me considero bastante tímida (por lo menos hasta que gano confianza, después cagaste). Para empezar, decidí estudiar en La Plata. Que ciudad hermosa, fui cuatro veces y estoy segura que ya la amo. Lo que no amo es la manera en que las diagonales hacen que me desoriente, no se para que lado siguen, hacia donde tengo que ir. Mi sentido de la orientación es muy malo de por sí en mi ciudad natal, se pueden dar una idea del horror que es una ciudad totalmente nueva para mí. Gracias a Dios, cuento con la increíble de mi mejor amiga que estudia allá hace un año más o menos y es la que me ayuda hasta con el más mínimo detalle, cosa de que llegue viva (y sin perderme) hasta la facultad. El pasado 21 de Noviembre, mientras estaba esperando a que me llamen para que me tomen los datos en un salón de la FAHCE, me sentí chiquita. Miré a mi alrededor y me sentí más chiquita. Había gente que parecía mucho más grande que yo y estoy segura que tenían mi edad, un año más que yo, dos como mucho. Y ni hablarles de mi mejor amigo que todavía no cumplió los 18. Nos sentíamos niños pero resulta que estamos entrando en la vida adulta. En una etapa donde nadie nos explicó como hacer para que las cosas no vayan tan mal o siquiera de que manera hay que empezar. Supongo que todo lo iremos aprendiendo pero, ¿mientras tanto? Me desvié un poco del tema. La cosa es que después de que me llamaran, con menos gente en el salón y ya inscripta, no me sentí tan chiquita. Es más, estaba contenta. Sentía que había logrado algo que quería hace un montón y además, iba a seguir la carrera que siempre quise hacer. No se que más podría pedir. Saber manejar tal vez pero no viene al caso, no. Para ir cerrando (o al menos intentar cerrar), quiero decirles que me siento feliz y triste al mismo tiempo. Sé que suena raro y a algo que no podría ser pero tengo tantos sentimientos encontrados que no se de que lado pararme. Simplemente quiero disfrutar de lo que queda tanto como pueda y no desesperar tanto por lo que se viene, por eso desconocido. Al fin y al cabo, es otra etapa distinta. Y algún día también se va a terminar.

Creo que me enamoré de Fantastic Beasts

Antes de ponerme en modo fangirl y prácticamente gritar a través de una pantalla, deben saber que soy Slytherin y todo mi odio recae sobre Hufflepuff. Pero mientras miraba la película y a Newt, me sentí súper orgullosa de esta casa y del increíble alumno que formó.

Desde que anunciaron que iba a haber una película del libro “Animales fantásticos y donde encontrarlos” creado por Newt Scamander (en la ficción, obvio) mi alma de fan no podía esperar a que llegue la fecha del estreno. Cuando empezaron a salir las primeras imágenes, los primeros trailers y el plot de la película, yo me mantuve alejada y sin saber nada de nada. Bastante boluda, ya sé pero esto no hizo más que incrementar mi ansiedad y mi felicidad. Hace algo de un mes decidí que tenía que empezar a leer algo sobre que iba a ver en la película o que habían hecho con la trama y personajes. Nuevamente, no me informé mucho pero al menos ya tenía una idea de que era lo que iba a ver.

En la última semana, las ganas de ver la película incrementaban con cada segundo y no es joda. Desde que fui a ver Las Reliquias de la Muerte parte II, esperaba con muchas ansias que el mundo mágico no se termine ahí y es como si la reina de Rowling me hubiese escuchado (a mi y a muchos, obvio). La cuestión es que el día del estreno se me hizo imposible ir a verla y estaba mucho más manija (emocionada) que cualquier otro día. Por ende, terminé yendo el viernes, un día después del estreno. Sí, ya sé, no era para tanto, si esperé tanto para no saber nada de la película o tantos años hasta que salga, un día más no era mucho. Pero para mí si fue, fue un montón y creo que muy poca gente entiende que significa en realidad Harry Potter y su mundo mágico para mi. Me estoy desviando mucho del tema principal, siempre me pasa lo mismo. Volviendo a la película. Fui a verla, apareció el logo de Warner y empezó a sonar la música y yo creía que me moría ahí adentro del cine más o menos. Desde ese primer momento y cuando comenzó la primer escena, supe que iba a ser una película fantástica (ese juego de palabras me lo robo).

Voy a empezar a hablar de la película conforme me vayan viniendo cosas a la cabeza, por lo tanto va a ser un poco desprolijo. Lo primero que quiero destacar es el soundtrack. Sé que no hay letra ni nada que puedas decir “ay que buen tema, me re llegó” pero no se dan una idea de todo lo que te puede hacer sentir una canción de este soundtrack, es increíble. Y funciona tan bien con cada escena, es muy bueno. Está hecho a la perfección y podría escucharlo todo el día. Después quiero hablar del guión de la película. Nuestra Sra Rowling demostró que escribir el guión de la película también es un talento que posee. La historia está hecha de manera increíble, los giros que tiene la trama son geniales, los personajes fueron desarrollados de muy buena manera y cada escena es hermosa en su totalidad. Tenía mucha fe de que la historia iba a ser genial sólo porque queen  Rowling estaba involucrada pero claramente superó mis expectativas. Algo que quiero agregar, es la fotografía que se maneja en esta película. Al ser alguien que se fija mucho en la estética de las fotos, vídeos, películas y demás obras, se me hace un punto muy importante. Y acá se manejó demasiado bien, les prometo que cada escena es una obra de arte. Lograron recrear un Nueva York de los años ’20 en Londres a la perfección. Y los efectos que utilizaron para crear a las criaturas se me hacen increíbles; me enamoré de cada pequeña (y grande) criatura que apareció. Verlas pasar del papel y una simple descripción a tener una forma, color, tamaño y movimiento es genial, hubo varias que me quería traer a mi casa.

Quiero destacar la actuación de cada uno de los actores y la manera en que interpretaron a sus personajes, parecía que nacieron para formar parte del mundo mágico. Hoy sólo voy a hablar de cuán orgullosa estoy de Eddie Redmayne y Ezra Miller. Ambos lograron captar la esencia de sus personajes e interpretarlos de una manera única. Eddie como Newt es oro puro, él nació para ser Scamander. Todo lo que pensé que Newt podría ser, fue en su totalidad gracias al amor de mi vida, digo Eddie Redmayne. Y Ezra, ay Ezra querido. Si hay algo que amo de este hombre es la manera de interpretar tantos personajes diferentes (al igual que Eddie baby). Verlo actuar de niño golpeado, introvertido y que solo quiere que alguien lo comprenda y le de un poco de cariño, me rompió el corazón y a la vez me enorgullece saber que es un actor con todas las letras. Definitivamente esto es algo para destacar de la película. Y lo último de lo que quiero hablar (creo) es de Grindelwald. Ese mago tenebroso que hizo mierda Europa antes que Voldemort (soy re mala, dije el nombre). Considerenlo spoiler, no se, hagan como quieran pero tiene una gran importancia en la trama de la historia y al final podemos verlo, le vemos la cara. Si saben quien lo interpreta, ya saben a quien van a ver en la pantalla grande por unos segundos. Es una historia que me llama mucho la atención y ya quiero ver como la van a encarar y cómo va a estar relacionada directamente con la historia de Newt y sus criaturas.

Creo que eso es todo lo que tengo para decir sobre esta película (estoy segura que hay más pero ya dije demasiado). Si me quedé con ganas de decir algo, van a poder verlo en http://www.youtube.com/LostInBooksx la próxima semana. Si llegaron a leer hasta acá les agradezco de todo corazón porque sé que escribí un montón pero mi alma potterhead necesitaba largar todo esto de alguna manera.

¿Que planeo hacer con este blog?

Antes de ponerme en filosófica y comenzar a hablar de porqué decidí empezar este blog, creo que lo primero y más importante es que me presente. Porque quiero que me conozcan y sepan como soy, cosa que de igual manera va a pasar debido a todo lo que voy a publicar en este espacio.

Mi nombre es Micaela y tengo 18 años. Vivo en la provincia de Buenos Aires, en Argentina. Como pueden observar, tengo tres grandes pasiones en la vida: la lectura, la escritura y la fotografía. Creo que de alguna manera soy una amante de las artes aunque no esté tan empapada del tema o visite un museo distinto cada fin de semana. Y algo que no llego a mencionar en la página principal es que soy muy fan de los gatos. Si pudiese tener 100 gatitos en mi casa, lo haría. Por desgracia, solo tengo uno y cuando me lo regalaron mi mamá no quería saber nada de que se quede. Ahora tiene dos años y es el bebé de la casa. Se llama Ed y esto a causa de Ed Sheeran (el amor de mi vida). Además, mi gato es naranja y correspondía que le pusiera el nombre de mi colo favorito.

Me considero una persona bastante introvertida, no hablo mucho ni ando por la vida haciendo cosas para que todo el mundo note que ahí estoy yo. Suelo estar en un rincón, callada, sin participar mucho y sin opinar demasiado sobre lo que está pasando. Durante muchísimos años de mi vida las cosas fueron así. ¿Me sirvió de algo? ¿Lo disfruté? Al principio creía que si pero con el pasar del tiempo y a medida que uno va creciendo se da cuenta que llega un momento donde te ves obligado a participar en esto que se llama “vida”. Lo único que les puedo decir es que me sirvió sólo para perderme experiencias que, al parecer, todos disfrutaban mientras que yo miraba como ellos las vivían. Estoy cursando las últimas dos semanas de mi último año de secundaria y déjenme decirles que me encantaría viajar en el tiempo para decirle a una Micaela un poco mas pequeña que deje todos los miedos que tiene de lado para poder disfrutar de todas esas cosas con sus amigos. Y como hace sólo unas pocas semanas me di cuenta que tengo que dejar de tener miedo del que-dirán, decidí abrirme por completo escribiendo.

Ese va a ser el objetivo de mi blog. Escribir sobre todo lo que tengo dando vueltas en mi cabeza. La vida, la amistad, el amor, la secundaria, la facultad, los libros, las series, las películas, todo eso que nunca supe expresar. Así que si llegaste hasta acá y sentís curiosidad o por algún milagro te gustó lo que escribí, te invito a que te quedes porque esto es sólo el comienzo de un nuevo proyecto con el cual estoy muy entusiasmada.